11 cosas que te han sacado de quicio en un estacionamiento
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11 cosas que te han sacado de quicio en un estacionamiento

Los estacionamientos…¡Ah! Esos apacibles oasis de tranquilidad en medio de la jungla urbana, donde - en teoría -, tu auto estará a buen resguardo, a salvo de factores climatológicos, amigos de lo ajeno y todos aquellos envidiosos que se la viven rayando los autos porque…bueno, porque son envidiosos.

El inexorable avance de la mancha urbana y el aumento de la población mundial, ha provocado que los estacionamientos sean algo muy necesario, principalmente en los grandes conglomerados citadinos, donde en ocasiones es prácticamente imposible y peligroso, dejar tu vehículo en la calle

En esta ocasión nos toca hacer un recuente de algunas de las cosas más desagradables que seguramente te ha pasado en un estacionamiento.

Los coches pequeños que no se ven

Luego de dar veinte vueltas por pasillos y más pasillos, descubres un espacio entre dos autos. Oprimes el acelerador y cuando crees que estás salvado ¡oh decepción! En realidad aquel lugar no está vacío, sino ocupado por un minúsculo subcompacto que simplemente no se aprecia entre los dos autos más grandes.

Estacionamientos públicos

Los coches grandes

Problema similar encontramos cuando llegamos a un sitio destinado para autos pequeños y nos encontramos con que está ocupado por un vehículo de grandes proporciones.

La pesadilla del boleto extraviado

Seguramente más de uno hemos vivido la pesadilla de perder el boleto del estacionamiento. Eso es algo que no le deseamos ni a nuestro peor enemigo. Además del estrés que provoca el estar buscando el boleto sin éxito, llega el trago amargo de enfrentar los mil y un requisitos para acreditar la propiedad del auto y de pagar, claro, la tarifa completa.

Estacionamientos públicos

Los cobros abusivos

Aunque la mayoría de los estacionamientos cuentan con minutos gratuitos, aún hay muchísimos en los cuales debes pagar determinadas cantidades de dinero por esos pocos minutos que tardaste en bajar al cajero.

Los valets con síndrome de Sebastien Vettel

Aunque hay muchos automovilistas que prefieren estacionar sus autos, hay muchos lugares donde no hay otra opción que dejárselo al valet parking, uno de esos sujetos que no tienen reparo para dar el portazo, acelerar a fondo y llevarse tu auto a toda velocidad en busca de un lugar.

En esos momentos no queda más que rezarle a toda la corte celestial, rogando para que a tu regreso, el auto se encuentre completo y en buenas condiciones.

Estacionamientos públicos

Revisar el auto

Seamos sinceros, hay estacionamientos públicos que dan miedo, no sólo porque están oscuros, sucios y huelen a humedad, sino por el personal que ahí labora. Aunque hay muchos empleados honestos, hay muchos que se aprovechan de la confianza de los automovilistas.

Es por ellos, que cuando regresamos, lo primero que hacemos es revisar milímetro a milímetro el coche. ¿No hay rayones extras? ¿La llanta de refacción y las herramientas están en su lugar? ¿Todas mis pertenencias se encuentran donde las dejé? Ok, ya podemos partir tranquilos.

Los automovilistas flojos

Sí, esos que te encuentras todo el tiempo y que hacen doble fila por horas y horas hasta que se desocupa un espacio a dos metros de la entrada o bien, aquellos que ocupan los lugares destinados a personas con capacidades distintas, porque simplemente se rehúsan a caminar unos metros más.

Estacionamientos públicos

En sentido contrario

¿Y qué tal encontrarte con esos automovilistas que simplemente hacen caso omiso de las señalizaciones y circulan por todos los pasillos ignorando que avanzan en sentido contrario? Y encima de todo, se enojan o te insultan cuando les haces ver su error.

Los que se quedan pegaditos

Hay conductores que piensan que tienes la complexión de una hoja de papel o de un fideo ¿por qué? Porque dejan su auto muy pegadito al tuyo, lo que provoca que hagas una y mil peripecias para ingresar a tu coche.

Cuando de plano tu físico te lo impide, entonces no queda otra salida que entrar por el lado derecho del vehículo, con las consabidas proezas físicas que ello implica, como levantar las piernas como gimnasta olímpico.

El clásico portazo

Eso es algo que ninguno queremos ver, pero a veces sucede. Llegas a tu auto, que milagrosamente está solo, sin embargo, al acercarte descubres el clásico “portazo”, provisto por tu vecino que simplemente abrió la puerta de par en par, pensando que estaba solo en el lugar.

Los coches “muy anchos”

Claro, eso nos faltan, los típicos automovilistas que ocupan dos sitios, ante la mirada impotente de los conductores que tienen que dar vueltas y más vueltas, buscando un sitio donde aparcar. ¡Y hay de ti donde se te ocurra decirles algo!

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